DARSE LA MANO EN LUGAR DE PONERSE EL PIE

Vocación, creatividad, inteligencia, gusto por el aprendizaje continuo, apertura para el intercambio de ideas, paciencia y tolerancia a la frustración, son algunas de las características que tienen (o deben tener) los profesionales dedicados a la atención de las condiciones del espectro autista; sin embargo, el valor más importante al dedicarse a esta área es el de contar con la humildad suficiente para saber trabajar en equipo.

El ámbito profesional está lleno de egos inflados por una trayectoria exitosa o “de muchos años”, de riñas por estar en trincheras distintas pensando que nuestro “método” o forma de trabajar es la única o la mejor, y de críticas ante quienes pudieran ser “competencia directa” a nuestro trabajo. Lamentablemente esto no beneficia en nada a los que son o debieran ser el centro de nuestra labor: las personas con condición del espectro autista y sus familias.

Es muy común ver a profesionales centrados únicamente en su trabajo sin deseos de compartir información, ideas y objetivos con aquellos que también trabajan con un paciente o alumno, tornando su intervención en acciones aisladas que muchas veces se ven truncadas al no poder contextualizarlas en la vida cotidiana de la persona, poniendo en disyuntiva a los padres de familia que muchas veces, en lugar de sentirse protegidos y acompañados, se sienten desubicados y confundidos.

Por otro lado, en repetidas ocasiones nos encontramos con especialistas que actúan como si el nuevo paciente que han recibido es una “pizarra en blanco” donde se tiene que “empezar a escribir desde cero” o una “pizarra con escritos a borrar”, es decir, eliminar todos los aprendizajes previos instaurados por otros profesionales para volver a enseñar al paciente cosas que a lo mejor ya sabía pero que ahora lo debe realizar “a nuestra manera”. Ambos casos son injustos e implican una pérdida de tiempo; sin embargo, creo que la mayoría de las veces no se realiza con mala intención ya que la inseguridad, el orgullo y el ego son sentires muy humanos y nadie nos salva de vivirlos. No obstante, está en nuestras manos hacer conciencia, saber trabajar en equipo, estar receptivos a observaciones emitidas por los demás y tener la suficiente humildad para reconocer que no lo sabemos todo y que nuestra verdad nunca es la verdad absoluta.

Es mejor si todos empujamos para el mismo lado, pues a fin de cuentas todos vamos en el mismo tren aunque a veces en distintos vagones.

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