El síndrome de Asperger y la socialización asertiva

En general, los procesos de socialización son definidos como aquellos en los que el ser humano es capaz de asimilar una cultura que le está siendo transmitida, pasando de generación a generación, y que finalmente brinda a ese individuo herramientas para poder relacionarse con sus semejantes de manera óptima ya que todos comparten entre sí patrones de conducta similares y particulares al entorno en el que conviven.

Si tomamos como base la definición anterior, conociendo y estando familiarizados con la condición de personas con síndrome de Asperger, podremos confirmar que ellas cumplen con las características propias de la socialización; sin embargo, tienden a presentar un desfase en tiempo y forma, es decir, no realizan un diálogo como tal con la otra persona pues van prácticamente directo a su interés sin notar que la persona que está escuchando no está «en el mismo canal».

Resulta entonces muy común, después de realizar valoraciones al niño/adolescente diagnosticado con síndrome de Asperger, así como durante entrevistas con sus padres, que una pregunta de ellos dentro del consultorio sea: «¿por qué este diagnóstico entonces?», seguido de un: «mi hijo sí es capaz de socializar».

Lo primero será entonces determinar que posiblemente existe una confusión; la dificultad no se encuentra precisa o necesariamente en la socialización como tal, sino en la forma de interactuar de la persona en cuestión. Normalmente, una persona con síndrome de Asperger tiende a «informar» en lugar de expresarse de forma que pueda establecerse un diálogo que se consideraría «común», esto aunado al desfase ya de por sí significativo en cómo suelen interpretar y manejar los códigos sociales que se requieren en un determinado tiempo y lugar.

A continuación, encontramos dos ejemplos particulares en torno a lo anterior:

  • Un niño de cuatro años llega a una reunión familiar, se acerca a su tío y en lugar de saludarlo le comenta: «cambiaste tu carro a una camioneta Mazda CX-5, edición limitada con volante deportivo y molduras rojas en el tablero».
  • Una niña de diez años y su familia se cambian de casa y al día siguiente llega a la escuela, se acerca con una amiga y lo primero que le comenta es: «ahora estoy en la calle Símbolos Patrios 125».

Como podemos ver, estas formas de comunicación se asocian a la dificultad que presentan para observar que las demás personas no están pensando lo mismo que ellos en ese instante, y precisamente por eso no obtienen la respuesta que esperarían. En una socialización considerada «adecuada» o «común» lo que debió haber ocurrido primero sería haber saludado para establecer una comunicación bilateral y así, poder entablar un posterior diálogo en torno al tema en específico. Es importante mencionar, sin embargo, que la intención de socializar, en esencia, siempre ha estado presente.

Existen algunas conductas particulares que pueden presentarse y dar lugar a experiencias de socialización poco satisfactorias para las personas con síndrome de Asperger, tales como las siguientes:

  • Tienen una dificultad, sobre todo entre más pequeños son, para darse cuenta en la expresión facial de su interlocutor, es decir, si la otra persona está realmente interesada en lo que está escuchando. Así también, el conflicto para entender el lenguaje no verbal.
  • En ocasiones platican a forma de monólogo pues no escuchan las preguntas que otras personas les realizan acerca de lo que comentan; su interés inmediato consiste únicamente en relatar lo que están pensando, por lo que difícilmente se consigue un diálogo.
  • Presentan un pensamiento poco flexible, acentuando dentro de una conversación sus ideas, las cuales, la mayoría de las veces, son fijas.
  • Se expresan de manera muy franca, sin filtros, dificultando así la reciprocidad social.

La explicación, el conocimiento, pero sobre todo, el entendimiento de las características anteriores, nos permitirá un acercamiento más adecuado con las personas con síndrome de Asperger, permitiéndoles así una integración más efectiva, comprendiendo su forma de interactuar, para así empezar a trabajar con ellos con la intención de que puedan logar una socialización más asertiva.

 

– Lucero Herrán

 

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